Hoy se conmemora el 25 aniversario de ‘Definitely Maybe’, el disco debut de Oasis, una de las bandas que encabezaron la nueva ola del pop británico, a mediados de los años 90s.

A diferencia de la “British Invation”, que dominó las listas de éxitos en los EE.UU con The Beatles y Rolling Stones en los 60s, a comienzos de los años 90’s, en Inglaterra ocurría todo lo contrario, ya que el UK Single Chart estaba cargado con un repertorio de grupos yankis como: Nirvana, Pearl Jam y 4 Non Blondes, por lo que los oídos de los jóvenes ingleses estaban perdiendo su “identidad”.

Los sellos discográficos como la EMI o Virgin, estaban desesperados por encontrar a un nuevo “salvador de la música británica” y los periodistas de la NME y de la extinta Melody Maker, salían a las calles en busca de unos nuevos The Smiths o The Jam, para contrarrestar la fuerza proveniente del otro lado del océano y, por sobre todo, tener la primicia de ello.

El sonido británico se encontraba en stand by en 1991, con unos Stones Roses que solo habían sacado un disco en 1989 y con la aparición de bandas ultra independientes denominadas por los críticos como shoegaze (My Bloody Valentine, Pale Saints, Ride, Chapterhouse o Catherine Wheel), quienes no buscaban el éxito que ostentaban otras estrellas de rock, sino todo lo contrario, su búsqueda era reinventar el sonido de las guitarras y las voces, gastando miles de euros en acustizar salas de grabación, para luego lanzar discos que nadie compraba.

Pero Inglaterra no se iba rendir, ni todo estaba perdido y fue así que en 1992 aparecen desde Londres, un grupo llamado Suede, con un par de sencillos bajo el brazo, entre ellos, “Animal Nitrate”, que hicieron que varios semanarios musicales dieran su pronóstico de: “la esperanza, el futuro, la próxima gran cosa, etc”.

Los Suede rescataban el espíritu original del Glam Rock de aquel David Bowie de Ziggy Stardust, con una presencia carismática y actitud de diva, de su cantante Brett Anderson, cuya voz traía consigo letras que se destacaban por su contenido sumamente erótico y bisexual, que lo colocaban como el próximo líder de toda una generación.

El primer disco de la banda sería uno de los más esperados en muchos años en el Reino Unidos y una vez que salió el LP, titulado simplemente “Suede” (1993), llegó al número 1 de las listas británicas.

Ya en 1994, el guitarrista y co-escritor de las canciones de Suede, Bernard Butler, dejaba la banda por una lucha de egos con Anderson, en pleno proceso de grabación de la segunda placa. De todas maneras, el grupo saca “Dog Man Star”, que recibió buenas críticas, pero no vendió de la misma manera que su antecesor.

Los mismo redactores de los semanarios musicales que los colocarían en un pedestal un año antes, ahora anunciaban su inminente final.

Paralelamente, en 1991, los también londinenses Blur ya habían lanzado su primer álbum titulado “Leisure”, en el mismo contexto de bandas como My Bloody Valentine, que sacaba “Loveless”, por lo que se nota la influencia shoegaze en ese trabajo que portaba buenas canciones como “Sing” o su primer sencillo “She’s So High”.

Tras la primera gira norteamericana de Blur, su líder Damon Albarn, terminó asqueado de los EE.UU y se metió de lleno a revivir la cultura musical de su país, para hacer frente al grunge. Fue así que lanzó el corte titulado “Popscene”, lanzado casi simultáneamente con “The Drowners” de Suede en 1992.

Para muchos, ahí comenzó el movimiento que, en 1994, daría el quiebre y forma al mejor rock inglés de los últimos años.

Todos estos grupos, junto a: Ocean Colour Scene, The Verve o Pulp (que aún eran ignorados por los medios masivos de comunicación), serían catalogados como “La Nueva Ola, de la Nueva Ola”, por los de la NME, y en 1994 le dieron un nombre bastante acertado: “Britpop”, como un resumen de bandas británicas del pasado, elaborado por modernos jóvenes de clase obrera, con sus propias realidades, que vestían bien, y portaban una gran sensibilidad en sus melodías, como así también, una personalidad sumamente desagradable. Una banda en particular, sería la campeona de todos.

Blur sacaba su segundo disco llamado “Modern Life is Rubbish”, que contó con un éxito moderado. Pero sin duda alguna, la explosión creativa del grupo liderado por Albarn se dio con el gran disco “Parklife”, en cuyo tracklist están algunos de los himnos del grupo, como la festiva: “Girls and Boys” y las encantadoras “To the End” y “The End of the Century”.

“Parklife” llegaba al número 1 en Inglaterra y se colocaban el traje de la fama y del buen vivir. Pero se avecinaba otra banda más, con tanto talento como arrogancia y que iban a encargarse de hacerle saber a todo el mundo, que ellos eran los mejores y no solo dentro de su país.

Durante todo ese tiempo que abarca desde los inicios de los 90s, en Manchester se constituía una banda liderada por dos hermanos que se cansaron de robar equipos de sonido y ser “plomos” de otras bandas, por lo que decidieron crear: “La mejor música que se haya escuchado en Gran Bretaña en los últimos 30 años”, y su nombre era Oasis.

A diferencia de otras bandas de la moribunda Madchester, que experimentaban con el funk, el dance y la psicodelia, Oasis se presentaba como una sencilla banda de rock tradicional, con fuerte influencia estética y sonora, de sus héroes, los Beatles. Su álbum debut se tituló ‘Definitely Maybe’ y se convirtió en uno de los discos fundamentales de lo que se estaba denominado: “Britpop”.

Con la muerte de Kurt Cobain y la del grunge en los EE.UU,  el 29 de Agosto del 94, Oasis llegaba al número 1 del UK Album Chart y en tiempo record.

Su flamante repertorio incluía una de las canciones estandarte del grupo y del sonido inglés, “Live Forever”. Estaba clarísimo que los Blur no iban a quedarse solos en la cima, ya que ahora tenían una arrolladora competencia y la prensa lo iba a disfrutar mucho.

Oasis – “Live Forever” (versión americana 1994).

Por su parte, Pulp, la banda liderada por el excéntrico Jarvis Cocker, en 1994 también lanzaba su aclamado disco “His ‘N’ Hers”, de donde se destacan los sencillos “Babies” y “Do you remember the first time?” que colocaba a Cocker como un mordaz y agudo compositor, entre tantos otros de fuerte carisma y adictos a la atención. Este no sería su trabajo más exitoso, pero sí el que los colocaría dentro del selecto club del “britpop”, pese a estar juntos como banda desde los años 80s.

Entonces, llegaría el año 1995, tras el furor marketinero, la moda y la ideología que arrastraba el “britpop” en los medios, Jarvis no se sentía satisfecho, ni conforme en absoluto, por lo que lanzó el álbum titulado ‘Different Class’, que sería el de mayor alcance en la carrera del grupo y que iba a demostrar al mundo que ellos provenían de la “Ciudad de Acero”, Sheffield.

El sencillo más exitoso fue “Common People”, toda una declaración que sirvió como reivindicación del origen proletario del movimiento y burla a la frivolización de la clase obrera en los medios, con la figura de Cocker que se iba agrandando cada vez más, luciendo estrafalarias vestimentas, con su elevada estatura y extrema delgadez.

Su momento cumbre sería cuando en la ceremonia de los Brit Awards de 1996, Jarvis Cocker tuvo la osadía de interrumpir el show del mismísimo Michael Jackson, subiéndose al escenario y burlándose de él y de sus bailarines, cosa que le valió un arresto, el odio de los fans de MJ, pero así también, muchos aplausos y discos vendidos.

Ya para 1997, el britpop había pasado por demasiadas cosas, desde tener una terna propia llamada “Best Britpop Band” en los Brit Awards del 96, pasando por la histeria colectiva de niñas adolescentes que perseguían a los integrantes de Blur por todas partes y tras la llamada “Navidad Britpopera”, la contienda ultra mediática entre Blur y Oasis, por quién vendía más sencillos con los lanzamientos, en el mismo día, de los temas “Roll with it” de los Gallagher y “Country House” de Albarn, siendo éste último el ganador.

Todo era demasiado superficial, la pelea entre Noel y Liam era noticia diaria, el flamante Primer Ministro Británico del Partido Laborista, Tony Blair, se declaraba fan de Oasis y del “britpop”.

Quizás el mensaje no se entendió o quizás nunca se pensó bien en un principio, fue todo un impulso, pero las canciones y los discos siguen siendo insuperables hasta ahora. Nadie se explica como unos “hooligans” de la vida, componían piezas tan emotivas, que hoy en ya son himnos de toda una cultura popular.

La historia siguió su curso y muchas de estas bandas se separaron o buscaron un sonido distinto, que los apartara de la sombra de aquel monstruo, que ellos mismos habían creado.

Un último suspiro interesante lo daría el grupo The Verve, liderados por Richard Ashcroft, un tipo que no tenía nada que envidiar en cuanto a personalidad “arrolladora” de sus colegas Gallagher, Albarn o Cocker. Los mismos habían lanzado su disco “Urban Hymns”, tras haber sacado, sin éxito, 2 discos antes de 1997.

El mismo traía temas como “Sonnet”, “The Drugs Dont Work” y “Lucky Man”, pero tenían una que quedó instalada en la memoria colectiva, cuya melodía de cuerdas nadie olvida, era “Bittersweet Symphony”, un tema que Ashcroft compuso, pero cuyos derechos de autor le fueron extraídos por el EX manager chupasangre de los Rolling Stones, Allen Klein, quien los denunció con éxito, por un supuesto plagio de la versión orquestal de la canción “The Last Time”.

En este 2019 y tras más de dos décadas, Mick Jagger y Keith Richards, finalmente le devolvieron los derechos a Ashcroft y se hizo justicia para este gran músico inglés, cuya banda ya no existe.

Sin dudas, la canción “Bittersweet Symphony”, representa hoy en día, la “última melodía proletaria” del britpop.