‘SODA STEREO, BUENOS AIRES, ARGENTINA..’

El 20 de Septiembre del año 1997, el Estadio de River Plate vivió una noche con fuertes emociones, que se mezclaban entre la ansiedad y la tristeza, con unos 60 mil fanáticos que despidieron a sus héroes que cerraron una carrera descomunal, que empezó en 1982, siendo muy jóvenes y viviendo a unas cuadras de ese mismo estadio de fútbol, con el que rompieron todos los récords en la Argentina, en su regreso en 2007.

Cuatro meses antes, el 1 de mayo del 97, el grupo conformado por Gustavo Cerati (guitarra y voz), Zeta Bossio (Bajo) y Charly Alberti (batería), anunciaba su separación definitiva, tras 15 años de actividad casi ininterrumpida, golpeados por el éxito y con todo lo que eso conlleva.

El diario Clarín dedicó un gran espacio en su portada por la noticia y Gustavo Cerati publicó en dicho medio, la emotiva “Carta del Adiós”, que concluía diciendo: ‘Cortar por lo sano es, hacer valer vuestra salud mental por sobre todo, y también el respeto hacia nuestros fans, que nos siguieron por tanto tiempo’.

Los Soda Stereo fueron los primeros, propiamente dicho, ‘rockstars sudamericanos’, pero antes del estrellato, crecieron en una escena under porteña destinada a ser mito y leyenda.

1983: ‘EL REGIMEN SE ACABO, SE ACABO..!’

En Argentina, el Rock no era ninguna novedad, ya contaba con sus buenas décadas, con nombres consagrados como Luis Alberto Spinetta o Charly García, maestros en la materia, pero éstos, y muchos jóvenes más, vivieron momentos muy difíciles, con unos terribles 7 años de Dictadura Militar mercenaria, cobarde y criminal, que llevaron a varias voces al exilio, como fue el caso de Mercedes Sosa, León Gieco o Gustavo Santaolalla, entre muchos más.

Pero dicho régimen militar, en 1982, se estaba acabando por dentro y no era suficiente el baño de sangre con el que estaban cubiertos, por lo que le declararon una delirante guerra a Inglaterra por las Islas Malvinas y en una muestra de ‘patriotismo’ y propaganda siniestra, los militares prohibieron a las radios pasar música cantada en inglés durante la contienda bélica, fue entonces que los rockeros argentinos comenzaron a salir de la clandestinidad, para grabar discos y ser reconocidos por todos, siempre con las dedicatorias correspondientes a los milicos, en forma de metáfora y no tanto, por parte de una juventud realmente golpeada, que tenía a un vecino, compañero de facultad o hermano, detenido/desaparecido. (Como ocurrió con el mayor de los hermanos Marcelo y Federico Moura de Virus).

La guerra concluyó como se esperaba, se hundía el buque del Belgrano y la Argentina se rendía, las protestas en las calles y las fricciones internas en la cúpula castrense, hicieron que se llame a elecciones y volvía la Democracia al país vecino, en Diciembre de 1983.

La libertad creativa y la apertura a la información, encontró su clímax a mediados de los años 80s, en una Buenos Aires cuyos escenarios derrochaban verdaderos personajes mitológicos como: Luca Prodan de Sumo, Miguel Abuelo y Andrés Calamaro en Los Abuelos de la Nada, Fede Moura en Virus, Pipo Cipolatti en Los Twist, Pappo, Miguel Mateos, Los Fabulosos Cadillacs, entre otros; para demostrar que los Soda Stereo no estaban solos, e inclusive, cada banda contaba un estilo en particular y todo un movimiento detrás.

Una gran diversidad de géneros que contrajo una gran competencia, que demandaban memorables shows en vivo, siempre acompañado de todos los excesos que en esos años estaban a flor de piel. Eran tiempos de destapes y el fin de la opresión.

Sumo en vivo (1986)

Soda Stereo graba y lanza su primer disco homónimo, en el año 1984, los mismos trabajaban mucho su imagen y portaban un look parecido a los New Romantics, antes de adoptar un estilo más Dark Wave, durante el resto de los años 80s. Estos detalles serían cruciales para su éxito, como para ganarse enemigos dentro de la escena.

El primer sencillo y video de aquel disco producido por Federico Moura fue: ‘Dietético’, con la recordada frase final que reza: ‘El régimen se acabó..se acabó!’.

Aquel primer disco contaba con temas como: ‘Vitaminas’, ‘Mi novia tiene biceps’, ‘Sobredosis de TV’ o ‘Quiero ser del Jet Set’, es decir, todos títulos bien trendy en los años ochentas, describiendo la dicha de una época que estaba cambiando y se estaba volviendo más moderna que nunca. El contenido quizás peca de superficial, pero hoy en día, varios temas de ese disco ya son clásicos, como: ‘Un misil en mi placard’ o ‘Quiero que me trates suavemente’.

1985: NADA PERSONAL Y COMIENZA ‘EL TEMBLOR’

Ya con un espacio bien ganado en el under porteño, el trío graba el segundo disco, con la que tenían que ganarse la credibilidad de todos, luego de superar el primer obstáculo que representa la placa debut. El título de ese trabajo sería: ‘Nada Personal’, con el que llegaron a tocar en el Estadio Obras, en 1985, cuyo decorado del escenario tenía elementos de plástico, ya que esa era la etiqueta que un sector conservador, tanto de la prensa como del rock, le colocaba a los Soda Stereo.

Fueron 4 shows repletos, sumando un total de 20 mil espectadores, consolidándose ante el público de su país, con canciones más maduras en lo armónico y melódico, con un Cerati que se luce con la guitarra en “Juegos de Seducción”, disparando rayos dentro de un cubo de espejos que hacen que las notas reboten por doquier, o en “Cuando Pase el Temblor”, que de alguna manera explora el mundo del reggae, con elementos bien criollos como la flauta peruana.

Pero el hit más conocido de ese álbum sería el que le da el título, la misma que llegó a sonar fuerte en las radios de Chile y sacudió la cabeza de los adolescente de ese país, que aún se encontraba bajo la Dictadura de Pinochet, y Soda Stereo significaba la libertad prohibida que todo joven oprimido quería saborear, aunque sea un poco. Nos referimos al tema: ‘Nada Personal’.

Mencionamos a Chile porque sería el país que serviría de catapulta internacional para la banda, precisamente, cuando fueron invitados al Festival de Viña del Mar en 1987, que se emitía para toda América Latina, y fue ahí donde se vio por primera vez, la reacción de las fans del grupo, en lo que sería llamado “La Sodamanía”, que dejaría un saldo de 120 casos de histeria colectiva.

1986: PRIMEROS ‘SIGNOS’ DE LA SODAMANÍA.

Para ese entonces, Soda ya contaba con un tercer álbum bajo el brazo, se trataba de ‘Signos’ (1986), que significó su punto de inflexión, llegando a países como: México, Perú, Colombia, Chile, Venezuela y Paraguay, donde tocaron en el Yatch y Golf Club.

Ese disco contó con mucha influencia británica del Post Punk de Echo and the Bunnymen, The Cure y Joy Division o del new wave de Tears for Fears, y es quizás el trabajo más oscuro del grupo, notándose tanto en las melodías, como en las letras, que según comentan, fueron escritas en una sola noche, a base de cocaína y despecho por parte de Gustavo Cerati, quien no paraba de lamentarse por la tragedia de los cinco jóvenes fallecidos, cuando Soda daba un show en un boliche llamado Highland Road, de la ciudad de San Nicolás, en mayo de 1986.

El tracklist comienza con un agitado y sobreexcitado tema llamado ‘Sin Sobresaltos’, que sería una de las primeras canciones que hace alusión directa a la cocaína, también aparece la sensual ‘Signos’, el fatalista ‘Final Caja Negra’ y el tema más recordado de ese trabajo: ‘Persiana Americana’, cuyas letras mencionan disimuladamente a la masturbación.

TERMINAN LOS OCHENTAS, PERO LOS ÍDOLOS NUNCA MUEREN.

El under porteño, el de la generación post-Malvinas, pasaba a convertirse en leyenda. A finales de los ochentas se registraban sus dolorosas bajas en materia de figuras emblemáticas. El primero sería Luca Prodan, muerto por sobredosis en diciembre de 1987, un año después Federico Moura, víctima del SIDA, lo mismo que Miguel Abuelo, quien falleció por complicaciones relacionadas al virus del VIH.

Cerati quedaba al frente y su grupo ya estaba escribiendo su propia historia, siendo artífices de su propio fenómeno internacional. Fue así que planearon el cuarto disco y apuntaron a la ciudad de New York, para grabarlo con un respetado músico y productor, Carlos Alomar, guitarrista de David Bowie durante su trilogía de Berlín en los setentas.

Ese álbum llevaría el nombre de ‘Doble Vida’ (1988) y vendió más de un millón de copias en todo el mundo. Gracias a ese trabajo, y su locación de estudio para grabarlo, el grupo ganó adeptos dentro de la comunidad latina en los EE.UU.

El mismo contaba con influencias rítmicas del funk, en guitarras como: ‘Picnic, en el 4to B’ o ‘Cúpula (Lo que Sangra)’, o del hip hop como en ‘El Borde’, pero sin dudas, la que se roba la atención es ‘Ciudad de la Furia’, la canción que mejor describe a la noche de esa gran Capital, con un estribillo sublime, lleno de angustia y eosofobia, que pide refugio en un par de piernas femeninas, lo que hace que todo sea sumamente excitante al final de cuentas.

La gira de promoción del álbum incluyó 25 shows en México, varias fechas en EE.UU, un estadio de Vélez Sarfield y un segundo show en Paraguay, en el festival ‘Rock in Sanber’.

SODA VS LOS REDONDOS Y LA FUTBOLUDIZACIÓN DEL ROCK ARGENTO.

Mientras recorrían el mundo y ganaban seguidores en otras latitudes, en su natal Argentina se estaba gestando una nueva etapa en el rock de ese país, y las partes que sobrevivieron de esa camada inicial de los ochentas, se polarizaba cada vez más, y la prensa ayudó bastante, por supuesto.

Nos referimos a la sonadísima rivalidad que se dio entre el público ‘Sodero’ y ‘Ricotero’, a inicios de los noventas y que es todo un folclore hasta nuestros días. Muchos factores “influían”, para que se diera este encontronazo, que por suerte nunca pasó de meros cánticos fútboleros, sobre quién lo miraba por TV.

La muerte de Luca Prodan, líder de Sumo, que al igual que Soda llevaba 4 mil personas al Estadio Obras, dejó huérfano a su público, que migró hacia otros lugares de la capital, como el venue ‘Cemento’, donde Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota tocaban para unas 100 personas, y éstos así comenzaron a tener un nuevo público, hasta que llenaron estadios de fútbol.

La llegada de MTV a Latinoamérica ameritaba más producción de imagen y por ende ‘más pose’, los Soda eran niños mimados de dicha cadena, mientras que El Indio Solari, ni daba entrevistas a la prensa, salvo en ciertas memorables ocasiones, y así es que chocaban dos filosofías de vida y la prensa lo hacía saber.

En conclusión, tanto El Indio como Gustavo Cerati eran dos figuras de distintas escuelas y no hubo más que mucho respeto entre ambos artistas, aunque siempre admitieron no ser fans de la música ni del uno ni del otro. Pero en el público se daban los banderazos, los cánticos y las posturas futboleras que luego se convertiría en lo que hoy es el “Rock Chabón” y que tuvo su gran tragedia el 30 de Diciembre del 2004, en Cromagnon, producto de una bengala, artefacto que decoraba al rock argentino en los noventas, con: Los Piojos, Las Pelotas y La Renga.

1990: UN ÁLBUM CON CANCIÓN ANIMAL

Terminaban los ochentas y eso significaba todo un desafío para cualquier banda exitosa en esa década que no supo retener a varias de sus agrupaciones, ya sea por muertes o falta de creatividad, frente a una nueva era que exigía demasiado y la consigna era justamente: “olvidar y odiar a los años ochentas”.

El quinto disco se llamó ‘Canción Animal’, para muchos su obra cumbre, y sin dudas, su disco más hitero. En el mismo podemos encontrar elementos bien rockeros, uno mucho más guitarrero de lo que venían haciendo, especialmente en temas como: ‘El Séptimo Día’, ‘Sueles Dejarme Solo’ y el ultra coreado ‘De Música Ligera’, así también, resaltan líneas de guitarras filosas y altamente hipnóticas en: ‘Un millón de años luz’, que hacen un tejido de emociones en la garganta.

Con este disco lograron hacer otro show en Vélez Sarfield y otro en el Obelisco, ante unas 250 mil personas. También ofrecieron su tercer show en Paraguay, en el León Condou.

La crítica de rock considera a ‘Canción Animal’ como el mejor álbum en español de los 90s, porque se nutría de un estilo alternativo que se convertía en la tendencia de esa década y que llegó al mainstream con el surgimiento de Nirvana y el grunge en EE.UU.

Soda Stereo tenía una gran lectura de los nuevos sonidos y su siguiente disco sería la prueba más contundente.

1992: DYNAMO Y UN SONIDO INDEPENDIENTE EN EL MAINSTREAM.

La influencia británica en Cerati no dejó de verse al pasar los años y el disco ‘Dynamo’ fue toda una tesis de lo que se venía haciendo por esas tierras, pero para un público masivo, que empezaba a educar sus oídos gracias a Soda. Después del rotundo éxito de ‘Canción Animal’, ya no se podía pedir más y el trío bajó unos cambios, grabando su álbum menos hitero y comercial.

Comenzaron a experimentar con el uso de samplers, loops y múltiples efectos de guitarra, algo que se convertiría en toda una obsesión de Cerati, cuya fijación era el movimiento denominado “shoegaze”, una oleada de bandas inglesas que a inicios de los 90s lanzaron discos como: ‘Loveless’ de My Bloody Valentine, que se aprecian mucho en temas como en el primer track de Dynamo, ‘Secuencia Inicial’, o temas como ‘En Remolinos’, cuyo inicio es idéntico a la intro de ‘Indigo is Blue’ de Catherine Wheel.

También se aprecian elementos de música electrónica como en ‘Camaleon’ o en ‘Nuestra Fe’ y guitarras con llanto en ‘Luna Roja’, o unas bien noisey en: ‘Primavera Cero’ y ‘Toma La Ruta’.

Esta temática sónica iba a seguir marcando a Gustavo en su primer álbum solista ‘Amor Amarillo’ (1993). Eran claras señales de que Cerati ya estaba mirando unos horizontes donde ya se veía mejor estando sólo.

A Dynamo le rodeaba una nueva camada de bandas argentinas como: Babasónicos, Turf, Juana la Loca o Avant Press, quienes ya decían tener una gran influencia de Soda Stereo en sus vidas y varios de ellos fueron sus teloneros en esos años.

En 1992 se presentaron por última vez en Paraguay, en el Anfiteatro de San Bernardino.

1995: DISCO ETERNO CON FINAL ANUNCIADO.

Una tragedia afectaba directamente a Zeta Bosio, quien había perdido a su hijo pequeño en un accidente de tránsito en 1994; el hecho enlutó a la banda y éstos se dieron un descanso y ya se barajaba la idea de una posible separación. En un último suspiro, logran grabar el disco ‘Sueño Stereo’, lanzado en 1995.

Por primera vez, el grupo utilizó cuerdas de violonchelos para temas como: ‘Ella usó mi cabeza como un Revolver’, violines en temas como: ‘Crema de estrellas’ o ‘Planta’, pero así también, no faltaron los grooves de las cuerdas de Cerati, en temas como: ‘Disco Eterno’ y ‘Paseando Por Roma’.

‘Zoom’ fue el sencillo más conocido de ese trabajo, cuyo videoclip fue grabado en el famoso Planetario de Palermo, Buenos Aires, que vivía una celebración al estilo hippie, pero adaptada a la Generación X.

1997: ULTIMO CONCIERTO Y MUCHOS SIGUEN HASTA HOY.

Como mencionamos en un principio, el 1 de mayo de 1997, la banda anunció su separación y la gira de despedida iba a llevar por nombre ‘El Último Concierto’.

Fueron a: México, Venezuela, Chile, y finalmente, al Estadio de River Plate de Buenos Aires, el 20 de septiembre de 1997, antes unas 60 mil personas, que comenzaron la larga noche con, quizás, la mejor versión en vivo de: ‘Ciudad de la Furia’, tema que Charly Alberti no lo quería tocar para evitar quebrarse.

Llegaba el final, ese momento que nadie quería, entonces, la penúltima canción: ‘Cae el Sol’ se muestra tímidamente por los teclados del Tweety González, y un Gustavo Cerati cuyos ojos miraban por última vez a la multitud, con una sonrisa que evitaba el llanto.

Las 60 mil almas estaban siendo testigos de la transición de una banda que pasaba a mejor vida, como leyenda del rock latinoamericano, y la despedida debía hacer temblar el piso de la ciudad. ‘De Música Ligera’ fue la canción elegida para cerrar una carrera de 15 años, repleto de logros y hazañas impensadas antes que ellos demuestren lo posible.

Cerati tomó el micrófono para soltar unas frases memorables, que ni planeado las tenía y dijo: ‘No solo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino por toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde un principio, y algunos, siguen hasta hoy, Gracias…Totales’ , y a destapar esas botellas de champagne, para celebrar una verdadera misión cumplida.